CINE QUE IMPORTA

Written by • 6:24 pm• CINE, FESTIVALES, PELICULAS, RESEÑAS

Ah Girl: cuando los adultos deciden por ti – TIFF 2026

En medio de la separación de sus padres, una niña de siete años intenta comprender las decisiones que comienzan a transformar su familia sin que nadie considere necesario preguntarle qué quiere. Ah Girl observa el mundo adulto desde una infancia marcada por la incertidumbre, la rebeldía y el deseo …

Hay una edad en la que los adultos parecen tener todas las respuestas. Deciden dónde vivimos, cómo debemos comportarnos, qué podemos saber y hasta qué cosas todavía “no nos corresponde entender”. Ah Girl se instala precisamente en el momento en que esa ilusión comienza a romperse: cuando una niña descubre que quienes toman todas las decisiones tampoco saben muy bien lo que están haciendo.

Ambientada en el Singapur de los años noventa e inspirada en las propias experiencias de su directora, Ang Geck Geck Priscilla, la película sigue a Swee Swee, una niña de siete años conocida como Ah Girl, quien junto a su hermana menor, Ah Tian, intenta comprender la separación de sus padres. Mientras ellos reorganizan sus vidas, comienzan nuevas relaciones y discuten dónde deberían vivir sus hijas, las niñas permanecen fuera de conversaciones que, paradójicamente, determinarán prácticamente todo sobre su futuro.

Para los mayores son “asuntos de adultos”. Para Ah Girl significan preguntarse si seguirá viendo a su madre, si permanecerá con su padre o si incluso podrá continuar viviendo junto a su hermana.

Ahí se encuentra uno de los mayores aciertos de la película: Ang nunca abandona la perspectiva infantil para explicarnos aquello que su protagonista todavía desconoce. Ah Girl escucha conversaciones incompletas, observa cómo los adultos cambian de comportamiento y descubre contradicciones que todavía no sabe nombrar. No entiende completamente por qué su familia se está desmoronando; solamente sabe que algo está cambiando y que nadie parece interesado en preguntarle cómo se siente al respecto.

Desde esa mirada, las jerarquías del mundo adulto desaparecen. Un posible cambio de hogar puede convivir con la preocupación por un corte de cabello que nunca pidió. Una discusión entre sus padres puede compartir espacio con un enamoramiento escolar. Vender chicles clandestinamente en la escuela puede parecer una travesura, pero también convertirse en una pequeña declaración de independencia en una vida donde casi todo ha sido decidido por alguien más.

Porque para Ah Girl esas cosas también importan.

La película comprende que la infancia no distingue los problemas según la importancia que los adultos les asignamos. Perder el cabello que amas puede sentirse tan devastador como escuchar una discusión detrás de una puerta, precisamente porque ambas experiencias comparten algo: alguien ha tomado una decisión sobre tu vida sin preguntarte.

Pero Ah Girl tampoco convierte la infancia en un territorio definido exclusivamente por el dolor. Entre discusiones, silencios y despedidas todavía existen juegos, fiestas, primeros enamoramientos y momentos de complicidad entre hermanas. Swee Swee conserva esa capacidad infantil de encontrar diversión incluso cuando todo alrededor parece estar cambiando.

En ese espacio, la relación entre Ah Girl y Ah Tian se convierte en el corazón de la película. Frente a un mundo donde constantemente son desplazadas de un lugar a otro, ambas encuentran en la otra una permanencia que los adultos no pueden garantizarles. Pueden pelear, molestarse y competir, pero también comprenden algo que parece escapar a quienes las rodean: si todo está a punto de cambiar, al menos quieren permanecer juntas.

Ong Xuan Jing sostiene esa contradicción con una interpretación que evita convertir a Swee Swee en esa clase de niña cinematográfica capaz de comprender mágicamente aquello que los adultos no pueden resolver. Su personaje se equivoca, hace berrinches, desafía a la autoridad y observa en silencio. Entiende algunas cosas y malinterpreta muchas otras. Cuando finalmente declara que “todos los adultos son tramposos y mentirosos”, no habla desde una repentina madurez, sino desde la frustración de descubrir que las personas que deberían darle certezas también pueden mentirle.

Ang, sin embargo, tampoco utiliza esa decepción para construir villanos. La madre puede ser impulsiva; el padre, irresponsable; la abuela, autoritaria. Todos fallan de diferentes maneras, pero también intentan mantener unida una familia cuya forma anterior ya no existe. El problema no es que hayan dejado de querer a las niñas, sino que parecen olvidar que ellas también forman parte de aquello que están intentando resolver.

Es ahí donde Ah Girl encuentra su observación más dolorosa: muchas veces los adultos excluyen a los niños de la verdad con la intención de protegerlos, sin darse cuenta de que el silencio no impide que perciban lo que sucede. Simplemente los obliga a encontrar sus propias explicaciones.

Al final, quizá eso sea lo que permanece de la infancia. No las conversaciones completas ni las razones que años después podemos comprender, sino pequeños fragmentos: un corte de cabello que nunca quisiste, un chicle escondido, una pelea escuchada desde otra habitación, una promesa que alguien no cumplió o la mano de tu hermana cuando sentías que podían separarlas.

Ah Girl entiende que crecer también significa regresar a esos recuerdos y descubrir que aquello que alguna vez llamamos “asuntos de adultos” siempre fue, de alguna manera, asunto nuestro.

Visited 8 times, 1 visit(s) today
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , Last modified: septiembre 23, 2026